China: una larga historia milenaria con un último siglo de tragedias

  • El pasado 12 de febrero se cumplieron 106 años de la abdicación del muy joven emperador Pu Yi en China, hecho que fue el resultado de la vertiginosa terminación de la institución imperial milenaria de China, originada por la explotación comercial que las potencias extranjeras practicaron en el país, la corrupción administrativa y la pugna entre nacionalistas y revolucionarios comunistas por lograr el poder.
    Uno de los máximos líderes de la lucha contra el imperialismo fue Sun Yat-sen, quien abrazó ideas occidentales y fundó el partido nacionalista. Yat-sen trató de mantener un gobierno conciliado entre la mayor parte de las fuerzas rebeldes, pero al morir en 1925 China cayó en una desintegración política ocasionada por líderes militares que seguían manteniendo en semi independencia buena parte del país. La alianza con los comunistas se terminó y nació la rivalidad entre nacionalistas y comunistas, que persiste hasta el presente.
    Las rivalidades internas en el bando nacionalista llevaron al descalabro al gobierno, a pesar de que habían logrado aislar a los comunistas al norte del país. Entre los años 1920 y 1940 los comunistas ganaron terreno conquistando las simpatías de los campesinos de importantes regiones del país y se organizó el ejército popular.
    Japón aprovechó la debilidad política de China para invadirlo en 1931, comenzando por Manchuria, donde instaló un gobierno imperial títere, con Pu Yi a la cabeza. Gracias a eso, las fuerzas disidentes del sur, el gobierno nacionalista y el ejército popular (este último ayudado por los soviéticos) unieron fuerzas para expulsar a los japoneses, que ya habían controlado centros urbanos importantes como Shanghái y Nanjing, así como áreas costeras. Con la capitulación de Japón, lograda por los Estados Unidos, el territorio chino, por ellos ocupado, fue dividido por las fuerzas que antes habían luchado contra el invasor y resurgieron las disidencias latentes entre nacionalistas y comunistas, por lo que poco tiempo después se reanudó la guerra civil, la cual concluyó con la retirada de los nacionalistas hacia la isla de Formosa, en 1949.
    De ese escenario nació la República Popular China, un estado comunista sin mayor reconocimiento mundial (salvo la Unión Soviética y los pocos aliados que tenía en esa época), debido a que la mayor parte de los países del mundo seguían reconociendo solo a la China gobernada por los nacionalistas. Ambos gobiernos se proclamaban poseedores de los dos territorios, el de la China continental y el de la isla de Formosa.
    Por otro lado, a partir de la constitución de la República Popular China, este país comenzó a anexarse territorios contiguos que gozaban de autonomía, como Tíbet y la isla de Hainan.
    Los años que siguieron a la institución formal del régimen comunista fueron desastrosos, desde varios puntos de vista. La nacionalización de las actividades comerciales, la industrialización forzada y el colectivismo con fuerza ideológica condujeron a un periodo de duras críticas contra el sistema que fue detenido bruscamente por el gobierno purgando a los intelectuales de su propio partido.
    Errores profundos y continuos se dieron en China como parte de los ensayos que hacia el régimen para adoptar una idea socio económica propia; estos errores tuvieron nombres como El Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural Proletaria, pero habría que ver cual pudo haber sido peor. Hay estimaciones que concluyen que estos experimentos llevaron a la muerte de unos 30 millones de chinos (el hermetismo del gobierno comunista nunca permitió conocer cifras definitivas).
    Disputas a lo interno del partido comunista chino, hicieron que varios de sus líderes se alternaran en la dirección del país después de Mao Zedong, entre ellos Liu Shaoqui, Deng Xiaoping, Lin Biao y Zhou Enlai. Con la muerte de Mao en 1976 y el poder alcanzado por Deng Xiaoping, la distancia que se había mantenido con la Unión Soviética se mantuvo y un plan de modernización, muy distinto a los esquemas anteriores, marcó un límite al marxismo-leninismo.
    Esto provocó que, en 1978, China firmara un tratado de paz y amistad con Japón y que, en enero de 1979, se establecieran relaciones diplomáticas con EU, que así reconocería al gobierno de Pekín como el legítimo de China, contrario a lo que había hecho hasta esa fecha en que solo reconocía como gobierno de China al que estaba plantado en la isla de Formosa.
    Luego China respetó la retrospección de Hong Kong (1997) y Macao (1999), aunque antes de eso hubo varias acciones que hirieron profundamente las relaciones con sus recientes aliados, como la masacre de la Plaza de Tiananmen (1989).
    A pesar de que el tema de una sola China sigue en el tapete, de que el surgimiento de la República Popular China fue una clara respuesta a muchos años de desidia, corrupción y perjuicios para el pueblo chino, no se puede dejar de pensar en cual fue el precio que pagó y quizás sigue pagando el pueblo chino por su libertad. Centenares de personas abatidas, encarceladas y desaparecidas por tener criterio y opinión distinta al gobierno, muchos millones de vidas perdidas en experimentos socio económicos y cientos de jóvenes abatidos por un ejército esclavizado siguen siendo un pasado muy difícil de olvidar y de dejar de pensar cuando ahora llegan a otras naciones a ofrecer ayuda y desarrollo.

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