Efectos de las variaciones orbitales en los cambios de clima de la Tierra

En años muy recientes se han incrementado las afirmaciones que apuntan a que la raza humana es la responsable de los cambios que se dan en el clima del planeta y que podrían causar una especie de cataclismo si no se corrigen ciertas conductas.
Es hecho probado que el hombre transforma, constantemente, los espacios de la superficie del planeta con sus obras, de cuyos resultados algunos se enorgullecen y otros se aterrorizan.
Inundaciones y sequías
Cierto, la impermeabilización de la tierra y la tala indiscriminada de árboles para las grandes obras y la construcción desenfrenada tienen efecto en la respuesta del planeta en varias formas, una de ellas son las inundaciones, que es el caso más común, quedando por ver si no confundimos la sequía (ausencia de lluvias) con la pérdida de volumen de agua en lagos y ríos, por la falta de retención del agua que cae en el suelo en la época lluviosa. El agua que es retenida en el suelo, gracias a la vegetación, se mantiene almacenada en él por semanas y meses, manteniendo, así, suficientes niveles de agua para la estación seca, que es más corta.
Las inundaciones son una respuesta definitiva a la acción del hombre, siempre que esta afirmación se fundamente en el hecho que las lluvias constituyen un parámetro climático estacional, que las mismas se darían con o sin la presencia de árboles. Pero las inundaciones se dan por la falta de espacio en los cuerpos de agua para trasladar o almacenar el agua que precipita, lo que también se puede deber a lluvias extraordinarias.
La vegetación, en todas sus variedades, es la que contribuye a que gran parte del agua lluvia se almacene en las capas subterráneas de suelo y que la velocidad con la que esta llegue a los cuerpos de agua sea menor, por lo que la ausencia de vegetación se traduce en que la casi totalidad del agua que precipita vaya directo y rápido a los cuerpos de agua y que se requiera más espacio donde se pueda transportar el agua a los principales, ríos, lagos y el océano.
La sequía, como tal, es la ausencia de lluvias en época de lluvias y dado que la ausencia de lluvias también es un fenómeno estacional en la estación seca, no debe confundirse con la ausencia de lluvias de esa temporada, con la verdadera sequía, que es la ausencia de lluvias en la estación lluviosa.
Pero la ausencia o presencia excesiva de lluvias luce estar más influenciada por muchos más factores que los causados por el hombre y valdría la pena hacer un análisis de estos para darnos cuenta de que las consecuencias del actuar de esos factores tienen deparados una serie de transformaciones para el planeta, que serían muy difíciles de evitar.
El Fenómeno del Niño
La anomalía conocida como el Fenómeno del Niño ha tenido más preponderancia a partir de las últimas décadas del siglo 20 y de ahí en adelante el fenómeno ha tenido la culpa de cuanta irregularidad presente el comportamiento de la atmósfera, más que nada en materia de lluvias.
Hay autores que definen el fenómeno como “cambio extremo climático que ocurre cada cierta cantidad de años y se asocia al calentamiento de las aguas superficiales del Océano Pacífico (al oeste de las costas de Perú y Ecuador), lo cual produce cambios anormales en el clima, como lluvias intensas, sequías, inundaciones, aumento de la temperatura del mar, etc.”. Otros investigadores, consistentemente, lo enfocan más al aumento de las lluvias. Con mejor análisis científico, Gilbert Walker y Jacob Bjerknes lo identificaron como “Oscilación del Sur”, relacionando inusuales altas temperaturas de la superficie oceánica con débiles vientos provenientes del este e intensas lluvias que acompañan esos comportamientos, con lo que quedó confirmado que los océanos dirigen la atmósfera y que la anomalía climática está más asociada a inundaciones que a sequias.
En el planeta hay más masas de aguas en el hemisferio sur que en el norte. Como consecuencia de los movimientos de traslación y rotación de la Tierra y de la inclinación del eje en el cual la Tierra rota, junto a otros efectos y condiciones electromagnéticas, el Océano Pacifico tiene corrientes, entre las que las mayores se desplazan en forma bastante circular en un movimiento contrario al de las manecillas del reloj. Como consecuencia de este movimiento, la masa de agua que se desplaza cerca de la zona antártica, moviéndose de oeste a este, se enfría por las bajas temperaturas propias de esas latitudes y al aproximarse al continente americano comienza a desplazarse hacia el norte donde se calienta a medida que se aproxima a la zona ecuatorial, cambiando de sentido para dirigirse al oeste y ganando cada vez más calor. Si bien la masa oceánica se calienta al aproximarse a la zona intertropical, por la condiciones térmica y volumétrica del fluido, las zonas más frías de la masa de agua se mantienen en las mayores profundidades y las zonas mas calientes cerca de la superficie.

Humboldt_current
Los vientos alisios, que también se desplazan de este a oeste, influenciados por la rotación de la Tierra y el encerramiento de las zonas templadas del norte y del sur, se mantienen cálidos y en ascenso por la condición propia de gases que tienen.
Estos son situaciones constantes en la región; con la salvedad de que hay variantes que se dan cíclicamente cada año en el verano del hemisferio sur. En esa época los rayos del sol se extienden hasta el trópico de Capricornio (o sea en la mitad de Océano Pacifico) produciendo un mayor calentamiento de las aguas más al sur de la línea ecuatorial, pero casi siempre dentro de la zona intertropical.
Como el verano en el hemisferio sur comienza a finales de año (21 de diciembre), la anomalía es conocida como Fenómeno del Nino, ya que se aproxima a los días en que se celebra el nacimiento del niño Dios. En esas fechas se acrecienta el calentamiento de las masas de agua oceánicas, haciendo variar su densidad y consecuentemente alterando la distribución volumétrica del océano que se traduce en una invasión de las aguas de un hemisferio en otro.
La corriente marina procedente del sur y del oeste se mantiene más caliente en la parte superior de toda la lámina de agua y, siendo menos densa (recordar que las moléculas están más separadas), se superpone sobre la zona fría de la masa oceánica peruana, cubriéndola en gran parte.
No es que deje de surgir agua fría en las costas de Perú, sino que la parte más cálida de las aguas está en la parte superior del océano. Esto es lo que transforma el clima circundante, ya que el efecto de ese calor se traslada a la zona atmosférica más cercana a la superficie del océano, calentándola, y esa parte de la atmósfera, que también se comporta como gas, se abre paso desplazándose a las capas superiores de la atmósfera y desplazando las zonas capas frías hacia abajo (por ser las zonas frías más densas), que son las que producen condensación más constante en la región continental adyacente (fuertes lluvias y muchas veces lluvias extraordinarias), siendo este comportamiento anómalo al que se le conoce como Fenómeno del Niño.
Las variaciones orbitales
El mecanismo por el cual el cambio orbital influye en el clima aún no se entiende bien ni es concluyente; eso se debe a que, justamente, la Tierra no es homogénea. La sola disposición de las masas continentales de la Tierra y de las plataformas de hielo producen cambios debido a lo que se conoce como “deriva continental”.
Las variaciones orbitales son las acciones conjuntas que producen modificaciones en los movimientos de la Tierra y sobre el clima. El origen de estas variaciones orbitales está conectado a las perturbaciones que producen otros cuerpos celestes del Sistema Solar sobre la rotación de La Tierra alrededor de su propio eje y su traslación alrededor del Sol, aunque también hay influencia causada por la inclinación del eje del planeta respecto al plano orbital. Aunque no son siempre tan mencionados, el eje o plano sobre el cual se produce el movimiento de traslación de la Tierra alrededor del Sol (Precesión apsidal e inclinación orbital) y la dirección a la cual apunta el eje de rotación (Precesión axial e inclinación axial), también varían. La combinación de todas estas variaciones son las que dan lugar a la mayor o menor cercanía de la Tierra al Sol durante las diferentes estaciones del año.
La órbita del planeta alrededor del Sol varía de casi circular a elíptica; esa órbita elíptica tiene sus variantes y entre más elongada sea la órbita más se aleja del Sol en cierta época, por lo que la influencia global de la radiación solar varía en diferentes épocas del año. La excentricidad (diferencia de la elipse de traslación del planeta respecto a un circulo) varía debido a la acción que sobre el astro ejercen los planetas mayores del Sistema Solar (más que nada Júpiter y Saturno).

Es esta radiación solar una de las acciones atmosféricas que más influye en el calentamiento de distintas partes del planeta. Entre mayor sea la cantidad de radiación, mayor efecto produce en la temperatura de los cuerpos receptores, como lo son las masas oceánicas.
Las estaciones del año no variarían año tras año, si cuando la Tierra orbita en torno al perihelio (aproximación más cercana al Sol) no fuera afectada por la posición de esos grandes astros respecto a ella. El perihelio ocurre aproximadamente el 3 de enero de cada año, lo que quiere decir que también ocurre muy cerca de las fechas en que se dan las anomalías climáticas que son relacionadas al Fenómeno del Niño. Aunque las estaciones son cuadrantes de las orbitas terrestres definidos por solsticios y equinoccios, la variación de la excentricidad de la órbita del planeta produce cambios en la duración de estas. La duración de las estaciones puede ir de los 88.99 a los 93.65 días.
El proceso normal de calentamiento de la masa de agua superficial en el Océano Pacífico se da a partir del equinoccio de primavera en el hemisferio sur (desde finales de septiembre), según el ciclo rotacional y traslacional del planeta, así como de las variaciones orbitales. Cada cierta cantidad de años, este calentamiento es mayor a lo común debido a estas variaciones orbitales y puede decirse que se convierte en una de las causas para que se desarrolle la anomalía a la que se denomina Fenómeno del Niño.

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